La actividad física y el anciano
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La actividad física y el anciano

En los últimos años, los innumerables estudios realizados apuntan a que la práctica de actividad física es uno de los factores esenciales que contribuyen para el envejecimiento activo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) apunta a un estilo de vida activo como una de las principales formas de prevenir enfermedades, mantener el funcionamiento cognitivo y providenciar la integración en la sociedad. (Araújo, 2011).
La actividad física es esencial para la salud y bienestar. La falta de práctica de actividad física puede llevar al aislamiento y, consecuentemente, a una gradual pérdida de las capacidades físicas y cognitivas. Con la inactividad física, poco a poco, se va perdiendo la capacidad vital y las tareas simples del día a día comienzan a parecer demasiado complejas (Araújo, 2011).
La práctica de actividad física ayuda a prevenir algunas alteraciones patológicas, ya sean anatómicas o funcionales, y a lidiar con las alteraciones que acompañan al paso de los años. Practicar actividad física no se trata de rejuvenecer pero sí de envejecer de la mejor forma posible (Araújo, 2011).

Consecuencias de la inactividad física
Fisiológicas
• Patología cardiovascular y respiratoria precoz (el corazón y los pulmones van empeorando);
• Patologías metabólicas (aumento del colesterol total, de la tensión arterial, de peso y de diabetes);
• Patología osteoarticular (las defesas del organismo se hacen vulnerables);
• Disminución de la producción de hormonas (principalmente las que protegen la osteoporosis).
Psicológicas
• Baja autoestima;
• Apatía;
• Confusión;
• Insomnio;
• Ansiedad;
• Depresión.
Sociales
• Imagen social negativa;
• Aislamiento.

La práctica de actividad física puede contribuir en la mejoría de la condición física, psicológica y social.

Beneficios da actividad física
Fisiológicos
• Aumento de la cantidad de endorfinas circulantes (lo que provoca un estado de bienestar al final de la actividad);
• Ayuda a controlar el nivel de azúcar en sangre (glucemia), favoreciendo la prevención y el control de la diabetes;
• Reduce los niveles de colesterol total;
• Disminuye la tensión arterial;
• Mejora el sueño;
• Aumenta la irrigación sanguínea en todos los órganos y oxigenación de la sangre;
• Mantiene los músculos entrenados para todas las actividades físicas del día a día (evita dolores musculares, óseos y de las articulaciones, la aparición de varices, etc.);
• Reduce la probabilidad de obstipación (presión del vientre/estreñimiento);
• Reduce el riesgo de varias patologías, como: cáncer de colón y de mama, osteoporosis, diabetes, accidente vascular cerebral, enfermedades de corazón e infarto cardíaco;
• Retarda la aparición de alteraciones posturales, dolores en la espalda y artrosis;
• Mejora el funcionamiento del sistema inmunitario,
• Mejora la funcionalidad y minimiza el dolor.

Psicológicos
• Aumenta el sentimiento de autoestima y bienestar general;
• Ayuda a lidiar con el estrés;
• Mejora el humor y reduce el riesgo de depresión;
• Favorece la actividad intelectual y el equilibrio afectivo.
Sociales
• Promueve las relaciones sociales y la comunicación, favoreciendo la creación de nuevos aprendizajes;
• Aproxima a las personas con el entorno;
• Ayuda en la integración de las personas en la comunidad;
• Crea la posibilidad de nuevas relaciones (extrafamiliares e intergeneracionales).
Practicar actividad física de un modo regular no implica seguir un programa de ejercicios físicos en un grupo y con un profesor. Adaptar un comportamiento más activo en las tareas cotidianas ayuda a alcanzar los beneficios mencionados.
Algunas de las sugerencias simples y prácticas que pueden contribuir en el aumento de la actividad física son:
• Caminar o andar en bicicleta en vez de conducir;
• Ir por las escaleras en vez de en el ascensor;
• Aparcar el coche un poco más lejos de su destino, de vez en cuando, y hacer el restante recorrido a pie;
• Salir del autobús una parada antes de la pretendida, de vez en cuando, y hacer el recorrido restante a pie,
• Pasear a su perro;
• Practicar actividades en el tiempo libre que requieran actividad física (por ej. lavar el coche, jardinería, etc).
La Organización Mundial de la Salud recomienda que se hagan 150 minutos de actividad intensamente moderada por semana. Siendo así, es esencial hacer cerca de 20 minutos de actividad física diaria. Sin embargo, no es necesario hacer los 20 minutos de una sola vez, pueden ser divididos en dos periodos de 10 minutos.

Referencias bibliográficas
Araújo, L. (2011). Exercite o seu corpo. In. O. Ribeiro & Paúl, C. (Coord.). Manual do Envelhecimento Activo (pp. 13-37). Lisboa: Lidel

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